La hormona del amor también funciona con ellos
En 2015, el investigador Takefumi Kikusui de la Universidad de Azabu publicó un descubrimiento que cambió la neurociencia: cuando un perro y su dueño se miran a los ojos, ambos experimentan un aumento de oxitocina, la misma hormona que liberamos al ver a quienes amamos.
¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando acariciamos a nuestra mascota?
El contacto físico con una mascota reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y activa el sistema de recompensa dopaminérgico de manera similar al ejercicio moderado.
- Se reduce la presión arterial en personas con hipertensión leve.
- Disminuye la frecuencia cardíaca en situaciones de ansiedad.
- Aumenta la serotonina y la dopamina, neurotransmisores asociados al bienestar.
Las mascotas nos enseñan presencia plena
Un perro no piensa en el pasado ni planifica el futuro. Existe en el ahora. Y cuando estamos con ellos, algo en nosotros hace lo mismo. Las mascotas son maestros zen involuntarios.